Carta 86 - Momentos sin retratar

February 19, 2019

 

Pasan los días, se convierten en meses y, así como sigo acumulando fotos en el whatsapp, también acumulo instantes de otras épocas que se me presentan de golpe.

 

1.- Tres semanas atrás. Se abre la puerta de vidrio de la salida de migración del aeropuerto de Miami. Mi hija Nadia me espera. Hemos resuelto pasar juntas tres días. Parece mentira que la estoy viendo. No hay foto de ese momento. Tengo que forzar la mente para imaginar mi sonrisa. Recuerdo la de Nadia. Hace seis meses que no la he visto. La vida trae momentos de enorme alegría. Este es uno de ellos.

 

2.- Cinco años atrás. Al cabo de un largo viaje, he aterrizado en París. Nadia y yo tomamos el tren y luego el metro. Subimos por las escaleras y, a la salida, se me presenta el boulevard de Saint-Michel. Siento que he llegado al paraíso. Tampoco tengo una fotografía de aquel instante. Pero, cuando cierro los ojos, puedo ver nítidamente mi ciudad preferida. Y me imagino que los diez días de esa estadía perdurarán para siempre.

 

3.- Los Ángeles. Un lote de autos de alquiler. Por ahorrar, acabamos Tiag y yo en manos de una empresa de mala muerte. El gancho para que la tarifa diaria resulte barata es que teníamos que aceptar cualquier vehículo. No es broma. En el contrato decía, “mystery car”. Es una furgoneta negra, enorme, con cuatro filas de asientos. Tiag mira aterrado este monstruo, tamaño camión. Mami, ¿en esto nos vamos? Ayyyy. Cuánto daría por tener una foto de la expresión en su cara en ese instante.

 

4.- Quito. Mi departamento. Organicé una fiesta. Ya han llegado algunos invitados. Yo estoy un poco atrasada o, talvez, ellos un poco adelantados. Voy bajando por las escaleras mientras todos me observan. Siento cómo el taco de mi zapato se engancha con mi pantalón. No hay nada que hacer. Ruedo las gradas y termino debajo del piano. No recuerdo una situación más embarazosa. Me quiero morir de la vergüenza. Menos mal nadie tuvo tiempo de tomar una foto.

 

5.- Los Ángeles. Cumpleaños de Tiag. Timbran a la puerta. Es Morgana, quien llega de sorpresa para anunciarnos que le han dado el día libre para pasarlo con Tiag. La cara de alegría de mi hijo debió quedar registrada. 

 

6.- Algunos años atrás. Nadia llega a Quito de París. Sorpresa total para su hermana. Es temprano en la mañana y timbran la puerta. Le grito a Morgana que vaya a abrir pues yo “supuestamente” estoy ocupada. Ella baja. A lo lejos, oigo sus gritos. Su padre debía estarlas filmando, pero, por alguna razón, no lo hizo. Nunca pude ver el semblante de Morgana. Solo lo puedo imaginar.

 

7.- La playa de Casablanca. Dos días después del año nuevo. Morgana sube al auto de mi hermana para irse a Quito y de allí regresar a Los Ángeles. Le decimos adiós gesticulando con las manos. Su cara es una foto triste. Pasarán meses hasta que nos volvamos a ver.

 

8.- Tiag me manda un mensaje desde su colegio. Que todos sus compañeros están dando el examen de Lenguaje, pero no él. Ha sido exonerado. Sin embargo, está sentado en su pupitre, observando a sus compañeros esforzándose para responder las preguntas. Estoy visualizando su cara. Esa foto, llena de alegría, la puedo recordar en cualquier momento.

 

9.- Mi casa está decorada para la Navidad. Ya es noche y no hay nadie. Enciendo las luces del árbol y me siento en una grada. Sola yo en mi espacio. Es un momento especial que debió haber sido fotografiado.

 

10.- Alguna hora de la madrugada. Me acabo de despertar, todavía sin saber en qué dimensión estoy, luego de una de esas pesadillas que suelen acosarme. Mi gato Lotus está mirándome. Pone una patita delantera sobre mi hombro, un gesto cariñoso, como tratando de calmarme. Sería imposible tomar una foto de ese instante, pienso ahora.

  

Supongo que esto es algo que nunca termina. Me gustaría tener una cámara para captar aquellos instantes especiales, como los famosos fotógrafos de guerra, pero nunca tuve buen pulso, así que empleo mi memoria, que también lo hace bien, a su manera. Supongo iré bajando, bajando, hasta llegar de vuelta a esa niña que, cuando se caía, se levantaba a la carrera y tranquilizaba a sus padres: “Nada pasó, nada pasó”. 

 

Muchas cosas han pasado y muchos dolores me han acosado, pero también muchos momentos hermosos se han presentado, cuando me he sentido tal cual la frase de Snoopy: “There are times when life is pure joy”. “Hay momentos cuando la vida es pura dicha”. Mucha gente se centra solo en el presente. Pero yo soy escritora, de manera que me gusta caminar de encuentro a los recuerdos, para mejor contarlos. Esa es mi misión, pero también es que no me queda de otra porque, lo que se dice imaginación, no tengo mucha. 

 

Además, si uno no recuerda, ¿para qué vive? No que pretenda vivir de recuerdos, eso es dañino. Pero, ¿no son los instantes vividos, la esencia de lo que somos?

 

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