Carta 79 - Instantáneas de instamatic

December 18, 2018

 

 

Todo comienza por causa de un ticket y un sueño. Cuando volví a Quito en agosto pasado, sentía que mi visita a Los Ángeles había quedado como incompleta. Morgana todavía no había conseguido un trabajo formal y yo no había terminado de recorrer esa ciudad inmensa y complicada. Es por esto que decidí volver en diciembre por una semana. Para terminar de formarme un criterio sobre esta ciudad que ahora he debido adoptar. Una ciudad a la que quiero amar ya que ahí vive mi hija. Cuando regresé en agosto, parecía lejano diciembre. Pero llegó. Así que ahora vuelvo a las instantáneas de Instamatic, las que mencioné la semana pasada. Porque los recuerdos quedan como imágenes de álbumes de fotos o de antiguo celuloide.

PRIMERA INSTANTÁNEA


Preparar el equipaje. Mi cuarto. En una esquina, yace abierta la maleta turquesa que ya he reparado muchas veces. Acostado en una esquina, el gato Lotus, a quien una maleta abierta le parece un sitio espléndido para su siesta. ¿Qué empacaré? Sueño con que haga calor pues Quito ya está frío, pero parece que no voy a tener tan buena suerte. Entonces, meto mis leggins todo terreno y mi camiseta interior para días fríos, más ropa ligera por si acaso. Miro a mi alrededor y recuerdo que, en el fondo fondo fondo de uno de los armarios, se encuentra la Baby Beans. ¿Quién es ella? Pues nada más y nada menos que la primera muñeca de Morgana. Tal como en la película Toy Story, es hora de que su Woody viaje a estar con ella.

 

 


SEGUNDA INSTANTÁNEA

 

Tiag y yo nos tomamos, en nuestro sitio habitual, nuestra tradicional selfie de inicio de viaje. El equipo está listo para salir a visitar a la “Monana”. Es un vuelo nocturno a Miami de apenas tres horas, lo que resulta una tortura porque, si por lo menos fuera de cinco, daría para dormir rico. Pero no, apenas lo hago, ya estamos aterrizando.

 

 
TERCERA INSTANTÁNEA

 

Tiag y yo en un Uber rumbo al Walgreens de Brickell Avenue. ¿La razón? Debo ir a recoger las pastillas indispensables para mi vida. Hidrocortisona de 20 mg. para mi Addison. Sin ellas, bye bye Viviana, y no estoy exagerando en lo más mínimo.

 

CUARTA INSTANTÁNEA

 

Mi sobrina Rebeca, mi hermana Lorena, Tiag y yo desayunando felices en Lincoln Road. Lorena expondrá sus fotografías en la Feria Art Basel de Miami. Parece mentira. El mundo se nos muestra pequeño.


QUINTA INSTANTÁNEA

 

Tiag y yo dormidos profundamente en el taxi que nos lleva de vuelta al aeropuerto, el mismo día por la tarde. Seis horas de vuelo rumbo a Los Ángeles y yo duermo profundamente durante todo el trayecto.

 

SEXTA INSTANTÁNEA

 

He rentado un auto. El más barato. Supuestamente. ¡Ja! Eso pregonan para atraer incautos y acaban cobrando una serie de gastos que me lanzan de sopetón. En este caso, el misterio era que no conocería qué vehículo sino hasta el momento de la entrega. Casi morimos al caer en cuenta que era una mole enorme, casi un camión. Igual nos encaramamos, y con Tiag, el mejor copiloto, una hora más tarde llegamos a downtown L.A. Pequeño problema: la llave del parqueadero del departamento que hemos arrendado se encuentra dentro del apartamento y tenemos que primero estacionar en la calle. Y no hay absolutamente un solo sitio libre. Downtown L.A., lleno de personas que viven en la calle, homeless, asusta a cualquier extraño. Estamos agotados. Tiag me dice en el ascensor, “No me gusta este lugar”. Logramos finalmente ingresar a un departamento de un edificio viejo, viejo, viejo -que luego me parecerá hermoso- pero que, en ese momento, me aterrorizó y a Tiag más aún. Por suerte, Morgana llegó y nos ayudó a encontrar el “camión” arrendado, ya que habíamos logrado olvidar dónde lo habíamos dejado. Poco después, una deliciosa pizza, y caí rendida del cansancio


 

SÉPTIMA INSTANTÁNEA

 

Me despierto y soy feliz. Pongo música. Ahora me parece el departamento más bonito. Es un loft. Las tuberías expuestas y los techos en obra gris. Deshago la maleta. Mi hijo sigue durmiendo. Mi sobrina Lucía está por llegar. Morgana ofrece venir a vernos por la tarde. Hace sol, subo a la piscina, miro el paisaje. Estoy en la ciudad más hermosa del mundo.

 

OCTAVA INSTANTÁNEA

 

Tiag, Lucía y yo en la montaña rusa de Santa Mónica y luego en la rueda moscovita. Reímos a carcajadas, instantáneas de Instamatic que hacen de la vida alegrías constantes.

 

NOVENA INSTANTÁNEA

 

Maravillarme con las obras de arte en el museo Getty y su arquitectura así como con la del edificio Bradbury, donde se filmó la versión original de la película Blade Runner.

 

DÉCIMA INSTANTÁNEA

 

Trato de dormir. Pero mi vecindario es una sinfonía inconclusa de sirenas policiales, helicópteros de salvamento y gritos de los transeúntes. Me desvelo. Ya no iré al gimnasio y perderé toda la mañana.


Volver a una ciudad tiene de bueno y de malo. Lo malo es que ya no te sorprende y uno observa los defectos. Lo bueno es que ya la conoces, que comienzas a sentirte en casa. Lo malo es que ya no encanta ni maravilla como la primera vez. Hay cosas que definitivamente no me gustan de Los Ángeles. Siento que hemos entrado en un mercantilismo barato y un tanto abusivo. Ya no hay un esfuerzo de mantener un estándar, que creo recordar sí existía en mi juventud ochentera. Pero, L.A. es LA ciudad para triunfar, hoy por hoy igual que en épocas pasadas, en el mundo del show business. Como su profesión es componer música para películas, este es el mundo para Morgana. Como recompensa a haber sido una estudiante aplicada y una pasante incansable, ha logrado escalar el primer peldaño, un puesto de responsabilidad en un estudio de música. Le fascina su trabajo. Está aprendiendo a dormir poco.

 


Se ve tan bonito el downtown y de verdad me gusta, es el sitio que más sabor tiene en Los Ángeles, pero el aire es cargado. Una mañana me encamino hacia The Last Bookstore, una librería encantadora, llena de tomos viejos y nuevos y, después, voy a un Walgreens, con el entusiasmo de comprar artículos de farmacia. Necesito ir al baño. Me paro al pie de la puerta a esperar que esté libre. Quien lo ocupa no sale. Y no sale. Le pregunto al empleado y él se acerca y golpea fuerte la puerta. En voz alta, increpa: “No eres el único, otros necesitan el baño”. Luego de unos minutos eternos, por fin sale. Yo entro y salgo más rápido que torpedo disparado. No quisiera describir la escena, pero si alguien vio Trainspotting, sabe exactamente de lo que estoy hablando. La escena del baño es copy paste. Hago mis compras y, al pagar, la cajera no puede entender que haya tantas cosas en mi cesta. Me dice: “Wow, wow, wow. ¿No hay Walgreens en su país? Digo que no, mostrándole la cantidad de aspirinas, cremas y demás ananayes que hacen que una farmacia en Estados Unidos sea maravillosa. La sorpresa de la cajera nace del hecho que, en esa zona, nadie compra grandes cantidades. La clientela es pobre.

 

 

Me acerco en un momento dado a escuchar la conversación de dos obreros. Uno le dice al otro: “No, él no es ofensivo, tan solo que pasó 20 años pegándose ácidos. El otro que vino ayer, igualito”. Consecuencias de los ingenuos setentas. Los homeless no son gente mala, por lo menos no me han parecido hasta el momento. Ninguno se ha quedado mirándonos. Viven en su propio mundo. Es triste, y a la vez aleccionador, pensar en lo que puede convertirse tu vida por locuras de drogas en la juventud. Se lo repito a mi hijo, una vez más: “Es tan fácil destruir. Construir es el reto”. Aunque, si uno se pone a pensar, tampoco es tan divertido llevar la vida loca ya de adulto. A quienes les encanta comer, se enfrentan al exceso de peso y, con eso, a todas sus consecuencias, que el corazón, que las articulaciones, que la artrosis, que la diabetes 2. Todo por un poco más de libras. Mi Bogie siempre me dice: ¿“Quieres saber lo que se siente andar con cinco libras extras”? Mete una pesa de cinco libras en tu mochila y anda a hacer tus actividades. Yo hago ejercicios con esas pesas cada mañana y, al sacarme, siento un alivio divino. Dedicarse a la farra conlleva problemas de alcoholismo y de drogadicción, feroces chuchaquis, depresión. Dedicarse a la marihuana produce dejadez y desgano. Por eso, tal vez, simplemente es mejor tratar de llevar una vida sana, aunque demanda un sacrificio constante diario, pero que te mantiene bien. Lo enuncio ahora, mientras observo a tantos homeless que deambulan por esta ciudad. Tal vez fueron chicos inteligentes y soñadores, en su momento, para acabar dejando el baño de Walgreens una completa porquería, mensaje simbólico de lo que se ha convertido su vida. Muy triste.

 

ÚLTIMA INSTANTÁNEA

 

Y por eso me quedo con una última instantánea: la ciudad desde arriba. Los Ángeles, la ciudad de los sueños. Nos despedimos. Tal vez pasarán muchos meses hasta volver. Se ve enorme, inacabable. Luego la desolada Arizona. Sobrevolamos Utah y Colorado, atravesando los Estados Unidos. Reflexiono que, a pesar de sus contrastes, cada vez amo más Los Ángeles, que si uno la conoce bien y se ambiciona, sí se puede.Sigue siendo la tierra de las oportunidades. Que allá llegan en busca del sueño americano. Les oigo a unos cuates mexicanos gritando en Santa Mónica: ¡¡¡¡”Órale, mangos, manguitos”!!!! Paso por Korea Town y escucho un idioma que no entiendo, pero los vecinos se ríen y se ven tranquilos. El estudio de música dónde trabaja Morgana pertenece a un español exitoso. Se dio fama como el compositor de la cinta sonora de las películas Rápidos y Furiosos, y ahora está repleto de trabajo. Pienso en Morgana, una ecuatoriana joven, encontrando su rumbo en esta ciudad. Queda mucho por contar de esta ciudad y lo seguiré haciendo. Por ahora, una verdad muy franca: me encantaría tener 20 años y estar arribando a Los Ángeles. 

 

 

Feliz Navidad para todos y cada uno de Ustedes. Mis mejores deseos para el Nuevo Año en el cual espero sigan disfrutando de mis blogs. Ahora me voy a descansar unos días, a soñar en nuevos proyectos, a estar con los míos. Y, como es mi costumbre cada que termina un año, hacer una profunda introspección que me conduzca a recomenzar el siguiente llena de ilusión.

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