Carta 73 - Entre galanes y fantasías


Foto: pinterest.es


No sé qué pasa al interior de los hombres y de las demás mujeres cuando se enamoran, pero, en mi caso, ciertos galanes me han sumido en la ansiedad y la locura y, adicionalmente, me han quitado el sueño. Un tiempo atrás, alguien se sorprendió ante mi comentario de que mi primer amor se dio a los 7 años. Tal vez eso se debió a mi naturaleza sensible y artística, pero, haya sido el motivo que fuere, así fue. Antes de seguir adelante, debo aclarar que no me refiero al amor presencial entre seres humanos de carne y hueso, sino a mi enamoramiento con los auténticos galanes, de esos que se dan en las pantallas, es decir, cuando dejamos atrás la vida diaria al dar un salto al país de la imaginación, y pasamos a vivir una realidad alternativa.



¿Y quien me mueve el piso a tan temprana edad? El torero Ángel Teruel. Mi madre me lleva al cine a ver una película llamada Sangre en el Ruedoy, yo regreso meditabunda y taciturna. Estoy cautivada. Como nunca antes he tenido este sentimiento, me asombra y me perturba. La vida dura y cruel del torero a quien Ángel Teruel representa me ha conmovido. Ansío ser Paloma, la novia de Ángel. Me encierro en mi cuarto, agarro el periódico y no puedo quitar la mirada de la cartelera cinematográfica donde figura la fotografía de Ángel. Comparto el frío que sufre en los caminos españoles, paso mis dedos por su buzo de cuello tortuga color gris y ya roto, admiro su boina. Me impacta su mirar decidido y triste, pero seguro del triunfo. Esta intensa pasión se consume en un par de semanas y, gradualmente, se desvanece.



Seguí deslumbrada con Miguelito hasta que desfiló frente a mí, en blanco y negro, en la pantalla de la tele, nada más y nada menos que Ricardo Blume interpretando a Giovanni Francesco en la telenovela mexicana Muchacha Italiana que viene a casarse. Unos meses más tarde, a Ricardo lo destronó José Barbina, el de Peregrina quien, a su vez, fue destronado por El Puma en La señorita Elena.


Esto de los galanes sí que es cosa seria. Mirarlos en la tele en la novela de la tarde tornó más bonita mi vida. No encontraba nada muy divertido en mi existencia de niña de 9 o 10 años. Eso de levantarse temprano para ir al colegio puede ser una pesadilla; soportar que me hagan la trenza a las 6:30 de la mañana en mi pelo crespo y enredado, una tortura; pasar el día en el colegio como chica tímida y algo torpe en mis movimientos, nada agradable. Sueño con volver a casa y prender la tele para dejarme llevar por las peripecias de estos personajes. Sin darme cuenta, estoy entrando en lo que sería mi pasión, el crear historias, el vivir los dramas diarios de los personajes y el poder ausentarme de mi vida para ingresar en las de otros.

Pasan los años y un día, de pronto, mi madre comenta: “Mira, el cantante que me gusta está en la tele”. Mi corazón queda impactado. Es Joan Manuel Serrat. Viviría meses con sus canciones en mis labios, Tu nombre me sabe a hierba, Mediterráneo, Señora y Los Fantasmas del Roxy, esta última que nos transporta precisamente a soñar con los galanes y las divas del cine norteamericano de los cuarentas y cincuentas. Por esa época también pasó Rafael. Tiempo más tarde, me dirigí hacia el Norte. A los 12 años mi vida cambia junto a Robby Benson en sus películas One on One y Ode to Billy Joe. Seguro, seguro yo podría ser su novia. Esa mirada triste, esas ansias de triunfar, ese aire de que necesita alguien que lo apoye. Creo que el último galán que me rompió el corazón fue el cantante de rock Leif Garret. Pero, ya no más miradas tristes. Para entonces, me cautivaban su rebeldía y su talante desafiante.


Hasta allí mi narrativa amorosa. Recuerdo una maravillosa novela brasileña Vamos a calentar el sol de José Mauro de Vasconcelos. Su personaje principal, Zezé, imaginaba ser amigo de Maurice Chevalier para poder enderezar su vida y escapar de su rutina diaria. La fantasía es un aliado que nos ayuda a enfrentar el día a día. Y, cuando somos niños, es más fácil aún dar el salto de la imaginación, tal como en la película Mary Poppins,cuando los niños dan un paso para atravesar un cuadro en el parque realizado por Dick van Dike y, del otro lado, se encuentran en un campo con caballos que salen del carrusel. En El Beso de la Mujer Araña, hermosa novela de Manuel Puig y luego película del mismo nombre, dos presos escapan de la cárcel por horas y horas, gracias a las películas que un personaje le narra al otro. Por eso, unos más, otros menos, recurrimos a estos personajes que no parecen reales pero que nos conducen a soñar. Y, cuando uno de ellos comete el error de comportarse como humano y se suicida, como lo hizo el gran actor cómico Robin Williams, nos conmociona. ¡Pero, cómo! Nos repetimos incrédulos. ¿Es posible que él tuviera problemas? En una época, me parecía que la vida podía de verdad ser perfecta junto a los galanes. Ahora, me place ver a Charlton Heston y a Humphrey Bogart porque ellos me recuerdan a mi novio actual. En todo caso, a mis 15 años di oficialmente por concluida esta locura con los galanes para empezar a lidiar con la realidad real, o sea, con novios de carne y hueso.


Lo que sí vale añadir, pensando en los amores de mis hijas adolescentes, es que el cine te impulsa a soñar. Qué mejor ejemplo que aquella maravillosa película de Woody Allen, La Rosa Púrpura de El Cairo, donde el galán literalmente sale de la pantalla para irse en compañía de Cecilia, interpretada por Mia Farrow, una chica que, a través del cinema, escapa de la depresión económica de aquella década y del dolor de su vida. Que la vida sin galanes sí puede ser aburrida. Que entiendo a todas las chicas de los sesentas dando alaridos y desmayándose cuando avistaban a los 4 de Liverpool, es decir, a los Beatles. Que recuerdo a mi hija Morgana, maravillada y encantada, rebosando de dicha, cuando su famoso tío Sebas regresa de un viaje a Hollywood con una foto autografiada por Zack Efron. To Morgana with love era la inscripción y Morgana da gritos y brincos la noche entera. Sebastián no puede entender semejante euforia. Yo sí. Por eso mismo me encantaría conocer, de cada uno de quienes leen este blog, el nombre de sus galanes o divas que dieron brillo a su vida para que fuera, aunque solo por momentos, muy colorida; que vieron fuegos artificiales al pensar en ellos; que pasaron noches desvelados con sus imágenes. ¿Por qué? Porque es bonito soñar…

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