Carta 52 - Crear y soñar una nueva historia



A un mes del estreno. Esta vez con una pieza teatral. Regreso al teatro, el mundo blanco. Con actores que admiro y quiero: Toty Rodríguez y Mosquito Mosquera. Son personas que han creído en mí ya en algunas ocasiones. Una vez más, mi casa es un caos y la familia (el gato Lotus incluido) y mi querida Margarita tienen que aguantar, a regañadientes, los ensayos diarios de lunes a viernes que comienzan todos los días a las 9 de la mañana y duran hasta la 1 de la tarde.


Entran mariachis y orquestas, llega Manuela Sáenz, la travesti Isadora, el torero Ángel Teruel, Charlie Chaplin, Hitler y Baltazara la empleada. María e Ignacio conversan en el patio trasero. Todavía no tengo el título definitivo, se llamaba El Vals del Ocaso, pero me comentaron que no es muy alegre, de manera que ahora me debato entre varias opciones. ¿Será, tal vez, "¿Bailamos?"? ¿"El aroma de la memoria"? ¿"Vivir y soñar"? o ¿”Sueños dorados”? Todavía no sé.




Cuenta la historia de una señora con Alzheimer que vive algunas aventuras y, creo, una bella historia de amor. Es divertida, es fuerte, es triste y tengo mucha ilusión de estrenarla. Se nos ocurrió a los tres (Toty, Mosquito y yo) una tarde cuando mi departamento estaba colapsado con obras de carpintería y mi vida era un caos. Mirando a Toty y a Mosquito, se me ocurrió la historia. Así me suelen llegar, casi sobrenaturalmente, de forma extraña.




Han pasado cuatro años. La gestación de una obra demora más que el embarazo de las elefantas. Y ahora estamos cerca. No siempre es divertido. Se vive el stress de la memorización, el aprenderse los textos, el tratar de que los actores entiendan lo que quiero lograr. Comienzan las carreras de BK, la diseñadora de vestuario, y las de Pablito en producción. Llega Masha a darles lecciones de canto y Magui de baile. Todavía nos falta la escenografía y la iluminación.


Hay muchas historias alrededor del teatro, me ha salvado siempre. A diferencia del cine, en muchas ocasiones, lo he rechazado. Pero lo que sí es verdad es que en inglés to play, que en español es actuar, en realidad significa “jugar”. Y, como me dice todas las mañanas mi Bogie (o Mr. Higgins, según el caso), "Go play..." resulta una verdad. Bajo a la sala y jugamos. Eso nos transporta a otra dimensión, nos salva de la cotidianidad que no va de la mano conmigo. De 9 a 1, mi sala está llena de vestuarios, se convierte en una casa de retiro, en un apartamento en París o en una hacienda en Cariamanga, la tierra de Naún Briones. Luego se van y todo vuelve a la normalidad, como la historia de Dr. Seuss. Nada ha pasado.



Llega mi hijo del colegio y ni se percata de que pusimos nuestra casa patas arriba. Pareciera que más bien soy yo la niña traviesa que espera que él salga para desbaratar todo. ¿Qué tal tu día, mami? Me pregunta y yo le respondo: Normal, nada nuevo. Me mira sospechoso. Sabe que con su mamá la normalidad no existe, por más que haga mis mayores esfuerzos. El silencio de la tarde contrasta con el escándalo de la mañana. Estrenamos el 6 de julio y parece mentira que otra vez estoy embarcada en el sueño de crear e imaginar.

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