Carta 50 - La graduación de Morgana (parte1)



Aeropuerto de Miami, 11 de la mañana, jueves 10 de junio. Sentada en una silla de la sala de embarque. No he dormido nada. Nos han cancelado el vuelo a Boston. Se me cierran los ojos. Sin que me importen las bacterias, me boto al suelo, abrazo mi cartera y caigo profundamente dormida. Despierto un par de horas más tarde, me duele todo el cuerpo, miro a mi alrededor. Mi hijo Tiag duerme en una silla cercana.



Él no se ha lanzado al suelo. Mi hermana no está cerca, probablemente ha ido a dar una vuelta. Lo maravilloso de la escritura es que una regresa en el tiempo y hoy, que es un día después de haber aterrizado en Quito, vuelvo al pasado y ese pasado es presente. Ahora que estoy bajoneada, porque siempre es así cuando una regresa de un viaje, puedo cerrar los ojos y volver a los preparativos. Estos comenzaron meses antes, cuando la graduación de mi hija Morgana ya estaba confirmada para el sábado 12 de mayo. Se graduaría de Berklee College of Music. Wowwww!!! Ayer leía de dónde viene la palabra Wowwww. Parece ser que viene el escocés. Robert Burns la usó en un poema en 1792 "Tam o' Shanter: An, wow!" Y la descripción es que “wow” comunica algo demasiado especial y maravilloso.



Regreso al inicio de esta historia, que cuenta con la presencia del primo de Darth Vader y del Emperador, que en este caso fue una emperatriz. Aunque no parezca creíble, para sacar a Morgana a Boston tuvimos que enfrentarnos a un lord de los Siths y a la emperatriz, quienes hicieron hasta lo imposible para que no saliéramos, con robos de pasaporte incluido y varios otros asuntos escabrosos que terminaron conmigo en el hospital (fruto de otras historias). Personas que habían sido buenas se volvieron perversas y ahora, ya con toda el agua que ha corrido bajo los puentes, me pregunto de dónde saqué la fuerza. El bien triunfó sobre el mal y llegamos a Boston y en un blog anterior cuento de cómo nos saludó Little Italy, cómo nos cobijamos en un precioso, pero mini estudio en Hannover Street y cómo empezamos a organizar la estadía de Morgana en Boston. Esa estadía duró tres años.



Otra vez, wow, tres años. ¿A qué horas pasó flechado este tiempo? Hace una semana, me preparaba para viajar. Una vez más el príncipe Tiag, el mejor equipo, y yo nos tomamos la acostumbrada foto en el acostumbrado lugar listos para la mejor aventura. Nuestro vuelo estaba previsto para salir de Miami a las 8:30, pero éste se canceló y nos pusieron en el de la 1:55, así que aquí estamos esperándolo (así me veo ahora).



Hemos volado toda la noche desde Quito y nohe pegado los ojos, porque me la pasé conversando con mi hermana, a los cuatro años volvíamos a estar juntas en un avión y teníamos tanto que contarnoooooos. (Habíamos hablado toda la noche, pero, entre hermanas, siempre hay temas de conversación.) Cuando supe de la fecha de graduación de Morgana, decidí prepararle una sorpresa. Siempre me ha gustado sorprender a mis hijos, así que esta vez lo inesperado sería la presencia de la tía Lore, mi hermana. Tenía que ser secreto y, semanas antes, sólo imaginaba su felicidad al verla. Todo salió bien, ya estábamos en el avión. Morgana ni se sospechaba. Yo creo que la felicidad que sentía me quitaba el cansancio y, cuando finalmente aterrizamos en Boston, parecía mentira. Llegamos a un estudio en West Newton Street, muy cerca de Berklee. Morgana estaba terminando clases y llegó minutos después de nosotros. Le había pedido a mi hermana que se encerrara en el baño. Morgana entró, nos saludamos, saltamos de la alegría y, de pronto, se abrió la puerta y salió la tía Lore. Morgana dio un grito y después, se sumergió en la dicha. Hay momentos en la vida que son maravillosos y uno debería, cada inicio de año o cada final del mismo, sentarse a hacer una lista de ellos, porque a veces pasamos demasiado tiempo quejándonos de los malos.


Sí, la vida trae enfermedades, trae dolor, trae muertes, trae divorcios, trae colapsos económicos, pero también trae nacimientos, trae nuevos amores, trae momentos de dicha, risas y, en este caso, trae graduaciones. Éstos eran momentos de dicha; compramos una botella de vino, pedimos pizza y reímos. La vida puede ser muy bonita. Entonces, esa noche dormí todo lo que no había dormido la noche anterior y, muy temprano la mañana siguiente, me levanté a trotar. Salí sin rumbo fijo, terminé en Northeastern University, donde muchos chicos paseaban en toga del brazo de sus mamis orgullosas que les tomaban infinitas fotos. La de Morgana sería al día siguiente. Recorrí Northeastern y observé la emoción de las familias, instantes Kodak como se decía en mi época. Volví orgullosa de mí, de haber logrado una hora de trote y del día que nos esperaba.



Este consistía en la compra del vestido para Morgana quien nunca piensa en esas cosas, pero una mami orgullosa no podía permitir que su hija se gradúe en jeans. Así que, me fui con Tiag y mi hermana a caminar por una de las calles más lindas del mundo, Newburry Street. Lorena observaba maravillada la ciudad. Entramos a un almacén pequeño, pero único, de esos que ya casi no quedan, gracias a la tan querida y odiada globalización. Este pertenece a una diseñadora de vestidos que no se repiten y de precios muy accesibles.


Muchas chicas, compañeras de Morgana, se encontraban ahí. Morgana elige un vestido vino, muy sobrio, hermoso. Sale a carrera porque todavía tiene pendiente su último día de trabajo. Es un día soleado. Quisiera volver a ese momento. Almorzamos con mi hermana y por la tarde vamos a Berklee. Morgana quiere mostrarnos todo. Sus laboratorios, las clases, la biblioteca, los corredores. Ya no se percibe stress. Todos respiran, es el último día de clase..... (Continuará)

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