Carta 28

Muy en memoria de una película hermosa: “Todo sobre mi madre” de Almodóvar, hace dos años emprendí un trayecto. Era a París a dejar a mi hija Nadia en su universidad. Hoy, dos años más tarde, emprendo otro trayecto, esta vez a Boston a dejar a mi hija Morgana. El estar ahora aquí en 16 Battery st., Little Italy, parece mentira, de verdad. Mi vida dio un giro completo hace dos meses, no viene al caso mencionarlo; uno no debe hablar de lo malo, pero sí del crecimiento que esto ha significado. En el intervalo bajé 7 kilos, fui a parar al hospital con crisis de adisson, algún día detallaré lo que es esta extraña enfermedad; falleció un ser luminoso por quien supongo haré un duelo largo, larguísimo; entraron en mi vida una serie de agresiones por demás extrañas. Comprendí que nunca, nunca, nunca debo enamorarme del potencial de una persona, pues eso no conduce a nada y que tengo dos pies para caminar. En el intervalo también, como por arte de magia desapareció el pasaporte de mi hijo Tiag, cinco días antes de un maravilloso viaje que tenía proyectado con sus primos. En mi caso un pasaporte no desaparece, pues soy la persona más meticulosa, pero supongo que debo dejar eso atrás y pensar que seguramente me levanté sonámbula y lo boté a la basura, de lo cual no tengo ninguna memoria, pero ya, ocurrió y Tiag no viajó con sus primos. El dolor que uno recibe lo maneja. En mis ojos he visto morir a mi hermano, a mi madre; he pasado por situaciones tan complejas que a veces me he preguntado como sigo sonriendo, pero el ver llorar a un niño destroza y durante una semana no pude parar de hacerlo. No pude entender por qué pasan ciertas cosas y con desesperación lo que hice es trabajar para sacar un pasaporte y una visa para Estados Unidos lo más pronto posible. Esta visa llegó un día antes de nuestro tan planificado viaje a Boston con Morgana. Parecía mentira; seguía débil luego del colapso del hospital, pero una fuerza renacía. No me había atrevido a hacer ni una sola maleta por miedo a no viajar. Le iba a tocar a Morgana lanzarse a la aventura sola y a pesar de que está totalmente capacitada, esto lo hacía por mí, por el sueño que teníamos Morgana y yo de estar juntas, de continuar el anhelo y la pasión de la música que tuvo Juan Esteban. Yo no me podía perder su llegada a Berklee y los ángeles ayudaron, así como el espíritu de mi madre, de mi padre, de Juan Esteban, de mi abuelijita y destrozaron a Darth Vader, que suele aparecer de vez en cuando. Cuando subimos al avión y este despegó, fui feliz. Y ahora estamos en la ciudad más hermosa, más elegante, más culta, más…. , más…., más…. Estamos en un pequeño inmueble con puerta roja; la única puerta roja de la calle en Battery Street de Little Italy, que es una versión de mi Marais en Paris. Tan, pero tan europeo. Por las mañana me levanto a comprar pan fresco en la panadería italiana y regreso a despertar a mis hijos que duermen en este mini, mini, mini estudio, pero precioso. No me cambiaría por nadie. Preparamos desayuno y salimos a hacer todas las vueltas que necesita Morgana, a pesar de que a dónde llegamos nos dicen que todavía están de vacaciones y que moving day es el 29 de agosto y que luego empieza orientation week. No importa, nos hemos dado modos para conocer su edificio donde va a dormir, en Commonwealth Avenue, y nos parece espectacular. Uno hace suyas a las ciudades y así como fue París, ahora es mi casa Boston. Amo todo y quiero venir mil veces. Estaré dividida entre París y Boston. Recuerdo cuando despegó el avión, estábamos rumbo al sueño que quizás lo iniciaste, tú, Juan Esteban hace más de veinte y cinco años, hace más tal vez, ya no sé, cuando eras niño y soñabas con ser músico famoso. Ahora es mi Morgana y ya no estás Mami para verla, pero quizás sí para acompañarla. Llegamos a Boston y le escribí a mi cuñada Isabel, quien se encuentra con mi sobrina Lucía para vivir la aventura de esta ciudad durante un par de años, con valentía y mucha ilusión. Nos encontramos en nuestro mini studio y salimos a comer, a festejar, a reír. Ella es una mujer fuerte y supongo que yo también estoy aprendiendo a serlo. A la mañana siguiente, Tiag nos despertó a las siete, reclamando que siguiéramos durmiendo. Nos alistamos y salimos a explorar la ciudad. Siempre que veo una iglesia por primera vez entro a pedir un deseo. Cada uno de los tres pidió lo que necesitaba; a la salida, una hermosa sorpresa, la iglesia se llamaba San Esteban, por los dos mi padre y tú, Juan Esteban. Así que no puede fallar, los años que vienen serán hermosos. Nos esperan maravillas. Lo pensé también cuando hace poco más de una semana estaba en el hospital y miraba entrar a mi vena el líquido del suero. Me estaba limpiando, pensaba. Ya nada malo pasará. Todo lo que tenía que pasar fue, ahora estamos juntos Tiag, Morgana y yo y tengo total fe de que la familia seguirá despuntando para arriba. Tiag me ha dicho que quisiera ser constructor de grande, quién sabe, a lo mejor algún día se convierte en un gran arquitecto y yo sigo fuerte y joven para verlo volar. Ahora, estoy aquí, 16 Battery St. - Boston. Mañana salimos a las cinco de la mañana a Magic Kingdon para un fin de semana de ensueño que quiero regalarle a Tiag. Me que he convertido en una mujer viajera y me gusta. Siento que rejuvenezco con cada viaje. Morgana, ahora, elige sus cursos, tiene una pila de sábanas, toallas, edredones, y demás necesidades para la mudanza a su dorm. Hoy arrasamos con Bed, bath and beyond. Gracias a la pericia de mi cuñada rentamos un auto con una tarjeta, que uno puede alquilar por horas, como las bicis del Municipio. Nos fuimos y oh sorpresa, casi no entra en el auto todo lo que compramos para Julián, Morgana, Lucía e Isabel. Tuvimos que meternos al estilo criollo, hecho salchichas y de regreso, el sueño de Tiag se hizo realidad, una girafa hecha de lego lo invitaba a pasar al museo Lego, su juguete preferido. “Es uno de mis mejores días, mami”, me dijo. Y eso valió todo. Eso sin contar con que el día anterior condujo un Duck (barco, vehículo que recorre Boston) Soy mamá y estoy feliz y orgullosa de mis hijos. En Quito se encuentra mi Nadia valiente, quien llegóhace poco de una maravillosa experiencia en Oregon. La extraño, pero pronto, pronto emprenderé una hermosa aventura con ella. Por lo pronto hago maletas para mañana, pues nos espera el lugar más feliz de la tierra: DISNEY, EL REINO MAGICO.

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