Carta 47 - Cerrar una película

January 18, 2018

 

¿Cómo se cierran cinco años? Valga la redundancia, cerrando. Te levantas y sigues. Pero cómo cuesta. La película se estrenó el 6 de octubre. Han pasado tres meses, ya es parte del año pasado. Y yo he ido cayendo, cayendo en un pozo que no tiene fondo. Recién creo que comienzo a tocar el piso y que el agua que cae me está levantando. Fueron cinco años de sueños, cinco años de creer que nunca se iba a realizar, cinco años de angustias, cinco años de ilusiones. Hace un año estábamos comenzando la edición y ahora me siento cansada. Hubiera querido llevar un diario de todo lo que pasaba, pero ya no alcanzaban las horas. Y, hoy por hoy, se me mezclan los recuerdos, cuando vienen. La gente que fue a verla, en general, parecía contenta; recibimos buenos comentarios, gente que se emocionó mucho. Pero todo pasó muy rápido y ahora me encuentro con muchos en la calle que me preguntan, ¿cuándo se estrena la película? O que me comentan que no la pudieron ver. Y de pronto ya pasaron los días y todas las personas están en otra cosa; se estrenó Star Wars, la gente pasó la Navidad, corrió a comprar regalos y yo, mientras tanto me sentí como si me hubiera pasado una aplanadora y quise gritar, paren el mundo que me quiero bajar. Estaba dentro de una burbuja y ésta se había desinflado. Si me dieran la oportunidad talvez quisiera volver al primer día, a esa parrillada hace ya cinco años donde Daniel Wappenstein, en la que conocí a Joaquín. Hoy miércoles 17 de enero el sueño ya no es un sueño, es una película que estuvo en salas, en todas las salas del país. Atrás quedaron nuestros cafés con Joaquín, nuestros sueños, nuestros saltos en las olas de Casablanca con Nicolle y con Joaquín prometiéndonos hacer una película; atrás quedó ese mes de locura preparando una premiere de alfombra roja en Quito y en Guayaquil para agradecer a mi equipo y a los auspiciantes. Y que casi nos colapsa a todos. Y desde que se estrenó me he sentido triste, como una madre que ha dado a luz y le duele todo. Miro al techo seguido y vienen a mi mente recuerdos, momentos como cuando cuando Joaquín me subía el descafeinado y me preguntaba, ¿cómo se escribe un guión? El tiempo pasa y esos cinco años no volverán más, serán fruto tal vez de otra historia, de muchos blogs, de recuerdos nostálgicos. Así será, “Como una canción nostálgica”, el primer cortometraje que hice con mi hermano Juan Esteban. Recuerdo la noche anterior al rodaje, recuerdo el primer día de rodaje, recuerdo todos los días de rodaje, recuerdo que hace poco más de un año estábamos en plena pre-producción, elaborando los personajes de convulsiones con mi hermana Lorena, maravillándome ante sus propuestas y sus locuras. Qué felicidad siento ahora de haber trabajado con ella. Recuerdo todo lo que armóen el ex penal García Moreno y como éste pasó a convertirse en nuestra casa mientras grabábamos. Recuerdo esos días con nostalgia. En ese lugar se debe haber  vivido mucho dolor, muchas historias dramáticas y sin embargo, a nosotros nos había acogido con energía positiva. Éramos felices. En lo personal me gustaba el espacio, salir al patio a fumar un cigarrillo, volver al set, sentarme en mi silla. Había una seguridad que desapareció apenas salimos a la realidad, a las locaciones, a las calles donde empezaron los problemas de producción, donde aparentemente todo colapsaba, pero la película seguía. No paramos. Quienes se quedaron conmigo se fajaron de verdad. Los días pasaban, las cabezas de la película se iban. Era extraño, me había hecho leer las cartas y éstas vaticinaban un rodaje complicado. No lo creí. Me parecía que, dada mi experiencia, iba a ser muy, pero muy sencillo. Ya era mi quinta película, ¿quépodría fallar? Era una película de la vida real, casi todo se grababa en la González Suárez, ¿qué podía haber de complicado? Y sin embargo lo fue. Momentos en los que creí no ser capaz de lograrlo, una mañana en la que me vino una crisis de Addison y pensé que iba a ir a parar al hospital, angustias de todo tipo, muchas de ellas económicas. Joaquín se concentraba en su papel, confiaba en mí, en que yo lo iba a lograr. Confiaba en su equipo. Y así pasó, se terminó el rodaje, entramos en el mundo mágico de la edición donde nos encerrábamos en la baticueva (nuestra mini oficina), a cortar con Felix y Paúl, a pegar, a mirar cómo se armaba la historia y así seguimos, entramos en la vorágine de la sonorización con Juan José y Andrea, quienes no paraban para alcanzar al día del estreno. Pasamos por la magia de la música dejando que la sala de mi casa se convierta en un espacio donde entraron baterías, voces, bajos y locuras, con una fecha límite de estreno que nos obligó a correr, a seguir buscando apoyo económico y a pelearla con mucho marketing y promoción. Esa parte era complicada, pero cada vez que los chicos de comunicación digital lanzaban un nuevo vídeo y Germánico inventaba frases llenas de poesía para cada imagen, parecía mentira que la íbamos a estrenar. Tal vez para suerte o desgracia del cine nacional, ahora se hacen muchas películas y eso complicaba las cosas. Yo quería un par de meses más para hacerlo con más tranquilidad, no se podía, se venía también Thor, La Liga de la Justicia, Star Wars, imposible competir con esos blockbusters. Teníamos que llegar a la fecha límite y yo confiaba ciegamente en las personas que estaban conmigo hasta ese día: Magui, Nadia, Pablo, Felix, Paúl, Juan José, Andrea y María de los Ángeles. Así como hay momentos en que uno quiere bajarse del mundo, hay otros en que uno quisiera que todo fuera en cámara lenta, que los minutos y los segundos corran lentos. No sé a qué hora pasaron los días y las horas y los minutos. La adrenalina paró de golpe como un frenazo en seco y se sucedieron una serie de días con mucha niebla y nada en el horizonte, tarde enteras en que comencé a mirar al techo, sin deseos de hacer nada. El bajón que viene luego de cerrar un proyecto tan grande es feo, me decía una antigua productora mía. Es como el chuchaqui luego de la fiesta, es como el día después de Navidad, pero dura largo y uno corre el riesgo de perderse en medio de ese estado extraño tal como Ulises cuando trataba de volver a su hogar en Itaca. Si tres años atrás parecía imposible hacer la película, ahora parece irreal haberla hecho. Me recuerda que fue cierto el cansancio y las fotos, que la verdad no me gusta mirar porque me da tristeza. Vuelven a mi mente de golpe las palabras de mi hermano Sebastián en la premiere de Quito, qué hermosas palabras, qué camino al pasado, qué recorrido a la nostalgia cuando él, de diez años, subía a mi buhardilla y escuchábamos a los Doors, a los Rolling Stones, sin imaginar lo que nos depararía la vida, sin sospechar que estaríamos viendo a nuestros hijos tratar de imitar nuestras locuras y nosotros soñar que ellos van a trascender en el cine, en la fotografía, en los juegos de vídeos, que van a ser mejores que nosotros y no la van a sudar tanto. En el camino se perdió el anillo de compromiso de mi madre y eso me duele como la pérdida de un ser querido. Lo tenía para ir a la premiere de Guayaquil y cuando lo busqué ya no estaba. Lo busco, lo seguiré buscando. Me acompañó 5 años. Quiero pensar que voló mágicamente al ex penal, al mundo de las convulsiones de Mateo y acompaña a Joaquín cuando entra en sus turbulencias. Porque en ese mundo no existe el tiempo ni el espacio, que se lo coloca Ariana y sonríe. La verdad es que durante estos cinco años perdí muchas cosas y gané otras, pero no es fácil dejar ir. ¿Cómo se cierra una película? Como se deja una casa que ha sido hogar por mucho tiempo. Pensando que vamos en busca de otros proyectos que serán igual de especiales. Y que, si no aparecen esas nuevas ilusiones, tuve la suerte de vivir algo tan intenso y especial y que eso mucha gente no lo tiene en toda una vida. Nuevas puertas se irán abriendo, creo yo y sé que la primera habitación a la que debo entrar es aquella donde debo confrontarme conmigo misma, para en medio del silencio que reina ahora en mi departamento, volverme a encontrar.

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