Carta 44 - Mi cumpleaños

Sola en una mesa, escondida en el aeropuerto Tocumen de Panamá. ¿Por qué existe ese nerviosismo ante un viaje cuando podría ser tan hermoso? Desde hace dos días tengo que controlar la ansiedad. No me gusta eso, es parte del entrenamiento tratarlo, pero el cerebro reptiliano lo olvida. Me contaba mi mamá que mi abuela materna se caía de la cama en sueños, antes de cada viaje, pero ésas eran otras épocas; ahora uno toma un avión como quien se toma un café. Y en este presente estoy esperando al vuelo que sale a Boston con una taza de café y pensando que el tomar un avión me lleva a soñar. Viajo a recoger a mi príncipe del que ya hablé en la carta anterior y a ver a la Fata Morgana; pero el stress se ha impuesto con fuerza porque sí, es verdad, en dos meses, exactamente, el 6 de octubre estrenamos la película. Es cierto que ha sido un trabajo de 4 años o tal vez más. Conocí a Joaquín hace más de 5. Es verdad que el estreno me tiene ansiosa, no puedo negarlo. Son 5 años de soñar, de sufrir, de imaginar y ya… estamos a punto de sacar el pastel del horno. Casi se acabó, lo logramos. Pero así también comienzo a preguntarme qué va a pasar después. A ratos creo que el día más feliz de mi vida va a ser el 7 de octubre, un día después del estreno. De la noche a la mañana me voy a encontrar con 15 horas de tiempo libre y me da miedo, a lo major me venga la depression pos parto, no quiero. Insisto, yo le peleo al negativismo. La vida es muy corta para llorar, ¿no? Quiero hacer tantas cosas, tengo tres novelas en mi cabeza y a la vez temo el boicot hacia mí misma, el encontrar excusas para no hacerlo. Quiero que Joaquín deje de convulsionar y, que se dé un milagro, como pasó con la película. Quiero que recorra el mundo y se convierta en el mejor actor. ¿Cómo empezó todo? ¿cómo me hice realizadora y escritora? A veces divido mi vida en proyectos: cuando hice Sensaciones y era la chica de 26 años con grandes collares indígenas,botas altas y trenzas a un lado muy a lo Frida Kahlo dispuesta a comerme el mundo. Luego vino el bajón, el perderme y agarrarme como Teseo a su hilo por el que vino El Paraíso de Ariana en honor a la Ariadna del héroe mitológico. Ya habías muerto, Juan, ya no era yo la joven brillante. Mi mirada era triste. No creía en el color. Estaba encinta y luego estuve enferma, muy enferma. Pasaron los años, a los 34 comenzó otra vida. El sol volvió a salir. Gracias a alguien que creyó en mí ciegamente y con determinación, terminé El Teatro de los Monstruos y me lancé al teatro, valga la redundancia: “Mano a mano”. Me veo por las noches, sola, cerrando la puerta del teatro; sigo enferma, pero nada se compara al momento en que apagamos las luces y desde arriba, donde manejamos la consola de luces, miro las reacciones de los espectadores. ¿Se ríen? ¿Lloran? Así llegan a mí una serie de proyectos. Sigo en el teatro. Presento Tres, es un éxito. Salas llenas, ovaciones de pie. Parece un sueño. Y luego un milagro: Un Titán en el Ring, una película que llevaba más de doce años en busca de financiamiento. Fue de lo ultimo que hablamos contigo, Juan antes de tu accidente. Por esa época me diagnostican el Addison y me recetan la cortisona que le falta a mi cuerpo. Gracias a Norbert Stimpfig, el productor y actor, vivo los seis meses más intensos y felices de mi vida. Mulaló, el campo, los sets, parece nuevamente un sueño perfecto. Y por primera vez en muchos años me siento sana. Después, la depre pos rodaje y las pésimas decisiones. Mi problema, mi defecto es que soy ingenua. Creo en la gente. Lo único que me salva, otra vez, es la escritura, el teatro. Monólogos de la Vagina, Escenas Familiares, Anatomía, La Magdalena. Podría escribir un libro entero sobre cada experiencia. Mi año en Guayaquil con Retazos de Vida, muchos meses de aventura, de soledad, de instrospección, donde me doy cuenta que soy feliz sola, conmigo, que no necesito de nadie, donde encuentro grandes amigas. Luego de Retazos…, más teatro y más sueños. Con la muerte de Gonzalo Samper, con quien teníamos tantos proyectos, me vuelve a surgir el para qué. He estrenado No Robarás… otro proyecto que me costó mucho tiempo llevarlo a la pantalla, donde hubo que sortear también una cantidad de dificultades y luego de esa película… comienza a gestionarse poquito a poquito, Sólo es una más… Las primeras lineas del guión, las primeras imágenes en mi mente. ¿Será que algún día se hace? Yo por momentos dudo, la verdad, la mayoría de los momentos. Pero se hizo y eso me lleva a preguntarme si los Esperanzas, personajes de Cortázar servimos de algo. ¿Para qué carajo escribe uno? ¿hace cine? ¿teatro? Hace unas semanas, volviendo a reponer una pieza mía, La Torera en escena, no vino nadie. No fui ni yo, ni siquiera lo comenté. ¿Qué pretendemos los que estamos en este oficio? ¿Somos tan vanidosos que no podemos vivir sin exhibirnos? Miro a mi alrededor las ambiciones de muchos: ser economistas, medicos, empresarios. La meta, hacer dinero. Estudia business, les dicen sus padres a sus hijos, para que tu futuro esté asegurado. Lo mismo les dije yo a mis hijas. No me hicieron caso. La una estudió cine, la otra música. ¿Sus futuros? A veces no puedo dormir pensando en ellas y hoy es mi cumpleaños y estoy en un avión y para variar, el estar sentada sin poder moverme mucho, me lleva a pensar. Cumplo 53 y pienso en mi primo Juan José que el día de hoy toma un avión para ir a vivir en el Canadá, con su esposa, sus hijos y su perrita. Cuántas veces no soñé hacerlo con mi pareja anterior. Me cansé de insistir, de proponer, de buscar maneras. Se pasó el tiempo. Ya no sé si 53 es mucho o poco todavía. Cuando tenía 20 pensaba que a los 50 no llegaba y llegué; y la verdad me siento joven y si pudiera me gustaría vivir en otro país y escribir y ser publicada, porque los cambios me gustan. Por lo pronto, con el avión a punto de aterrizar en Panamá, pienso que cargo un bebé en mi vientre que se llama Sólo es una más, que estoy encinta de 7 meses y que eso me tiene cansada y nerviosa, que el padre de esta creatura de la imaginación: Joaquín Wappenstein, me mira ansioso esperando que todo esté bien, que entremos a la sala de partos sin novedad. Ahora, si me preguntan por qué lo hice, les contesto que no sé cocinar, que escribir y contar historias es lo único que sé hacer, que lo demás me aburre, que cuando murió Gonzalo Correa (alquien a quien yo admiraba mucho porque hizo lo que quiso con su vida: agarró a su familia, dejando empresas y grandes trabajos y se fueron a vivir en el Brasil), tenía casi la misma edad que tengo ahora y me dije: voy a hacer lo que quiero y lo que quiero es hacer otro película. Eso fue hace año y medio y le entré con todo a Sólo es una más. Me corrí el riesgo y me endeudé con lo que faltaba de financiamiento. Si me preguntan si ha valido la pena hacer lo que uno quiere, no lo sé. Siempre hay cuchillos que aparecen en el momento más inesperado, gente que ataca o critica sin ni siquiera haber entendido el proceso o haber visto la obra. Público que no asiste. En la vida personal: enfermedades, muertes, arrancones, terribles decepciones. No es nada nuevo, es la vida para todos, pero tal vez ha sido más fácil de soportar gracias a la presencia de Isadora, Baltazara, Sinatra, Raúl, Electra, el padre David, Carolina, Martín, Cristina,Jacinta, Alejandrina, Nazarena y tantos otros personajes que han sido parte de mis novelas, películas y piezas teatrales. ¿Valió la pena parirlos? Sí. ¿SufrÍ? Sí. ¿Lo volvería a hacer? Sí. En el comienzo de esta vuelta al sol vendrán nuevos personajes y me abstraeré pensando en ellos. Por tenerlos en mi mente me caeré de la máquina de correr y me lastimaré, como me pasó ahora que han pasado tres días desde lo que comencé este escrito. ¿Quién se cae de una máquina de correr? Una escritora. Me daré de cara contra el espejo o contra los postes de las calles y olvidaré mi cartera en el baño del restaurant. Estoy en dos mundos paralelos. Parece una historia de ciencia ficción, pero es la mía.


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