Carta 22 - De cómo nació la escritura

DE CÓMO NACIO LA ESCRITURA Tal vez ya he topado este tema y he dicho que siempre me gustó la sensación física de escribir, pero el cómo se concretizó el sueño vino de una manera casi que tangible. Hace poco un compañero de colegio compartió un link sobre un maravilloso profesor llamado Jacinto Cuesta. Al recordarlo a él me transporté y recordé a otros profesores que me guiaron en el camino de la Literatura, uno de ellos el licenciado Rafael Herrera Gil. Presente quedará en mi memoria el primer día de clases; por primera vez íbamos a estudiar Literatura y su primera frase luego del saludo fue: ¨La Literatura es el estudio de la belleza.¨Luego prosiguió a darnos el significado de belleza. Ese cuaderno se perdió en una de las mudanzas y lo he buscado a lo largo de mi vida. Si alguien lee esto y lo tiene, una copia sería el mejor regalo que podría recibir. Literatura dictada por el licenciado Herrera, tercer curso. Pero no fue esa la clave de mi sueño. Esto se dio por otra profesora, la licenciada Beatriz Cossíos, me gustaría saber si vive aún. Mujer dura, fuerte, que no se dejaba impresionar, que no sonreía, exigente. Ella nos obligaba a leer por lo menos quince minutos diarios y se aseguraba de que lo cumpliéramos con pruebas constantes. Una de sus frases al inicio de segundo curso fue: ¨Cuando termine con ustedes, no podrán acostarse nunca más en su vida sin tomar un libro.¨ En mi caso se cumplió, es una de las principales causantes de mi amor fanatizado por la lectura. Pero eso tampoco fue lo que me removió las entrañas y clavó en mí esta pasión por la escritura. Fue una tarea encomendada por la Licenciada Cossíos. Nos mandó a escribir un cuento y la verdad lo que yo hice fue bastante desastroso. No sabía qué escribir; rescato medianamente el título que hasta ahora lo recuerdo. Se llamaba ¨En busca de la felicidad.¨ Bastante trillado, pero a fin de cuentas tenía trece años así que no seré tan dura conmigo misma. Lo francamente horroroso y que por suerte no queda ni una copia fue el cuento. Creo vagamente recordar que trataba sobre un perro caprichoso que no valoraba lo que tenía sino hasta que lo perdía todo. Pasó sin pena ni gloria, pero el día en que la licenciada Cossíos nos devolvió los trabajos corregidos pasó algo que me marcó para siempre y que lo recuerdo desde mi puesto en la penúltima fila del aula del Colegio Americano de la Madrid. Ella se puso a leer los mejores. Martín Pallares y José Luis Holguín. Nunca antes les había prestado mayor atención a esos compañeros de clase creo que desde el primer grado. Martín sobresalía porque siempre hacía bromas y encontraba el chiste cualquier cosa o situación y José Luis era un chico alegre que andaba con su grupo de amigos, creo que era aplicado; era primo de mi mejor amiga: Carmen Gloria Espinosa, a quien recuerdo con cariño, a quien la muerte nos la arrebató tan pronto. La licenciada Cossíos comenzó con el cuento de Martín, giraba alrededor de la visita me parece que a su tía Ágata, la memoria me falla con el nombre, pero Ágata suena a nombre de cuento. Comentaba como a Catita, su hermana, le hacían comer a la fuerza porque no probaba bocado. Narraba con sencillez, con inteligencia, con muchísimo humor un cuento que me gustaría volver a leer. Era su vida, convertida en una historia maravillosa que para mí fue un campanazo. Fue ahí que entendí lo que significaba la palabra escritura y a dónde nos podía llevar. Pasarían años hasta que mi primera novela: El paraíso de Ariana, sellara esta pasión que yo tuve desde niña. El segundo cuento que leyó nuestra maestra de Castellano de segundo curso fue el de José Luis Holguín. Al igual que Martín, versaba sobre algo muy personal, su gato. Narraba cuán importante era estar con su mascota. El cuento era tierno, no tan humorístico, pero poético y dulce. Dos baldazos de agua helada que me despertaron, que me dejaron muda por algunos días, a pesar de que eso no era tan especial; yo siempre he sido tímida y hablaba poco. Dicen que el maestro llega cuando el alumno está listo; esa lección fue para mí decisiva en mi vida. Escribir, escribir, escribir se convirtió en mi obsesión y moriré en el intento de hacerlo bien. Porque una no puede contra lo que es más que pasión. En cuanto a quienes protagonizaron este evento, Martín es ahora uno de nuestros columnistas más emblemáticos, no ha perdido aquel don con el que llegó a la vida y José Luis seguro sigue por ahí escribiendo para sí y cuando nos reunimos los ex compañeros, la poesía le fluye a través de los discursos y brindis que hace a nombre de todos. Es un gran orador. Yo no creo haber tenido el don, pero como Hermione en Harry Potter, estudio y trabajo, pues así como ella no nació maga, se hizo. Pienso que me faltan un par de vidas para estar en un grado aceptable, pero soy audaz y me lanzo, como me he lanzado a todas las aventuras de mi vida; sin pensarlo mucho, arrojada por el impulso. Ahora con el comienzo del 2015 pienso que seguiré en lo mismo porque si algo me caracteriza es una tenacidad que no sé de dónde viene exactamente, pero que no me permite parar. Me acuerdo que eso me decía hace años Pía, mi profesora de equitación. Yo no era dotada y constantemente ella perdía la cabeza conmigo por mi torpeza corporal, pero se motivaba porque seguía intentando y llegaba y perseveraba y durante alguna lección excepcional hice las cosas como ella me las pedía. Así que de esta manera comienza el 2015 recordando lo que siempre quise hacer en mi vida y que de una u otra manera no me ha abandonado. Cuando era pequeña mi mamá trataba de convencerme de que aprendiera a tocar un instrumento, porque la música me iba a salvar en los momentos de más dolor, o de soledad o de angustia, me decía. El tiempo pasó y nunca fui dotada para la música, pero escribir calma y atormenta, alegra y destroza. Es complicado. Y sin embargo cuando leo que Vargas Llosa trabaja todos los días de 8 de la mañana a 1 de la tarde ininterrumpidamente, me invade un deseo de hacer lo mismo. A veces se logra, otras no pasa nada. Las historias se fraguan en largo tiempo, al menos en mi caso. Para mala suerte mi pasión la comparten pocos pues este es el país del fútbol, no de la escritura y qué decir de la lectura. En varias invitaciones se han sentado a mi lado personas para decirme con orgullo que no les gusta leer, que si de verdad a mí eso sí me atrae porque es algo muy pero muy aburrido y que los libros sólo les sirven como base para poner las bebidas o los platos de comida. Prefiero no comentar al respecto. Es cómo cuando la gente al enterarse de que soy vegetariana, hace alarde de no poder vivir sin carne y de no comprender mi decisión. No vale la pena discutir. Cada uno hace lo que le parece, pero sí me gustaría tener un jet privado como J.K Rowling, fruto de la venta de mis libros. Definitivamente que me gustaría que se haga un parque de diversiones temático de alguna novela maravillosa escrita por mí y que lea el mundo porque como dice Umberto Eco, uno escribe para los demás. Sostiene que lo único que uno hace para sí mismo es la lista de compras, y eso...

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